El día que me muera.

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¡Que nadie se vista de negro! Vístanse de blanco y llenenme de girasoles.

¡No se entristezcan por mi partida, sino celebren el tiempo que estuve allí con ustedes

¡Nada de hacerme luto! El que me quiera llorar bienvenido sea, pero que luego continúe con su vida. Que mi muerte no sea una excusa para abandonarse.

Que alguien anote todos los comentarios que me vayan dedicando en el momento. “Era buena chica”. “La verdad me caía mal”. “La voy a extrañar”. Que tomen esa lista y que la prendan fuego, para que vean como al final las palabras son sólo polvo que se las lleva el viento.

Que las últimas palabras que se me dediquen sean “Ave atque vale”. “Hasta siempre hermana, y adiós”.

(¡Ah! Y cuelguen un cartel en mi blog diciendo que pasé a otra vida.)

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